EL CONTROVERTIDO UNIFORME ESCOLAR

La implantación del uniforme escolar en una decena de colegios públicos valencianos el curso próximo tiene tantos detractores como defensores. No hay consenso. Pedagogos y especialistas en educación encuentran en la medida ventajas como la igualdad entre compañeros, mientras que los sindicatos la rechazan porque ven en el anuncio una maniobra de distracción de otros problemas.

Maite Ducajú, Valencia
La decisión de que los alumnos de la escuela pública de la Comunitat Valenciana lleven uniforme, cuyo plan piloto para el curso próximo anunció el jueves un portavoz de la Conselleria de Educación para una decena de centros voluntarios, ha provocado una reacción de respuestas tan dispares como que es “anticuada”, “sexista”, “un error”, “excluyente” y “se trata de una maniobra de distracción” hasta que “no se impone nada”, “identificará a los colegios”, “será un ahorro”, “evitará el conflicto” o que “facilitará un mejor contexto de socialización” entre los estudiantes de Primaria.
Quien apunta esta última idea es la catedrática de Antropología de la educación de la Universitat de València, Petra María Pérez Alonso-Geta. En su opinión, y como experta en estudios sobre la moda en la infancia, afirmó a Levante-EMV que “siempre que así lo quieran los padres, el uniforme es una medida acertada. Los escolares están seducidos por la moda. Incluso hay niños de once años que aguantan una sesión de mechas en la peluquería. Hay una apropiación de la estética”.
La catedrática remite a las listas de comuniones, donde dominan “la ropa y joyas de marcas concretas. Los colegios se han convertido en un escenario donde se exhibe la moda, se compite y compara. Asumen el mundo adulto. Poner un uniforme no es malo pedagógicamente porque a los niños hay que enseñarles otros valores: ser más solidarios, tener empatía con sus compañeros. Estoy preocupada porque no estamos ante el mejor contexto para la socialización de los niños”.
El decano de la Facultad de Filosofía y Ciencias de la Educación de la Universitat, Ramón López, en su calidad de pedagogo, declaró a preguntas de este diario que “lo que debe preocupar es que la elección, en todos los ámbitos incluido el uniforme o no, sea coherente con el proyecto educativo del centro. La importancia de esta medida está en función de lo que representa para cada colegio. En educación se produce, y este es el caso, el derecho de la igualdad y el derecho de la libertad. Ambos, igual de legítimos.Tiene sus ventajas no pensar en la ropa y, si se organiza bien el APA, pueden sacar barato el uniforme. Pero luego está el poder ir como cada uno quiera porque somos diferentes. En particular, soy más partidario de que la educación desarrolle la capacidad de oportunidades para la igualdad antes que la igualdad de oportunidades”.
Por su parte, la Confederación de Padres de Alumnos Gonzalo Anaya calificó de “superficial” y propio “de otros tiempos” el programa. Para la entidad, el uniforme es “una medida de adoctrinamiento con la que se traza un pensamiento lineal y único, no se respeta la individualidad y que, según como se plantee, podría vulnerar el derecho de igualdad entre niños y niñas o fomentar el sexismo (faldas chicas y pantalón chicos)”.
Estos representantes consideraron que “uniformar a los escolares no resuelve los problemas de convivencia que se han de abordar desde el ángulo de la educación en valores, tanto en casa como en la escuela y con materias innovadoras y adaptadas al siglo XXI como Ciudadanía”.
La confederación no cree que “el vestir uniformados pueda mejorar la calidad de la enseñanza o dignificar la institución educativa” y piensan que “sólo pretende desviar la atención”.

Una respuesta

  1. El hecho de que los colegios implanten llevar uniformes es bastante complicada, a mi parecer. Realmente no creo que se coarte el derecho de igualdad, puesto que fuera del colegio cada niñ@ puede llevar la ropa que desee, pero bien es cierto que, sobre todo en el contexto social en que nos encontramos a día de hoy, es necesario fomentar la no discriminación.
    No podemos quedarnos de brazos cruzados porque una familia no pueda pagarse ropa de determinada marca para que su hijo o hija sea bien aceptado en el grupo de iguales, por lo que el uniforme facilitaría esa integración. Pero la cuestión está en, ¿ cómo hacemos por evitarlo? Si se decidiese poner los uniformes sería un buen método, siempre y cuando el colegio se viese en la obligación de suministrarlos gratuitamente, al menos uno por niño escolaizado, puse se trata de una imposición. Y, desde luego, que se tratase de un uniforme no sexista, en el que las chicas no tuviesemos que estar obligadas a llevar falda por el simple hecho de ser chica. Quizá, tomando ciertas consideraciones de este estilo se conseguiría llegar a algún tipo de acuerdo beneficioso tanto para la escuela, padres y madres y incluso los propios alumnos.

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